El día que me puse Hiyab

Según datos del 2011 del Observatorio Andalusí, en Cataluña hay 427.000 musulmanes, 66.000 de ellos de origen español. Las dificultades con las que se encuentran? Los catalanes, que su familia y su entorno lo acepten; los inmigrantes, integrarse en la sociedad, sin renunciar a su religión y costumbres. Las mujeres musulmanas, además de a estos obstáculos, se encuentran el de cuestionarse llevar o no el hiyab, velo islámico, y  enfrentarse a la creencia de que, por ser musulmanas, están sometidas al hombre de la casa, a un entorno machista y opresor.

Chaima Dairek es una chica de veintiún años de origen marroquí. Practica la religión islámica desde que nació, al igual que toda su familia. Hace cinco años que vive en Barcelona, lo cual le ha dificultado seguir estrictamente los pilares del Islam. Según cuenta, ha sufrido varias ocasiones discriminación por llevar el identificativo hiyab, el velo de las mujeres musulmanas, pero no se separa de él excepto cuando los jefes de la empresa donde trabaja se lo piden. Reconoce haber tenido la tentación de probar más de un alimento haram -prohibido en árabe-, pero se ha limitado a los del tipo halal -los alimentos permitidos-: “resulta imposible encontrar alimentos halal si no es en una tienda especializada”, afirma.

Pero los alimentos halal o la permisión de las actividades religiosas en el día a día no son los únicos conflictos entre la cultura musulmana y la catalana. Muchas veces pesa una visión negativa, invasiva o incluso criminalizadora sobre el colectivo del Islam. En una sociedad multicultural, la convivencia entre culturas, con personas diferentes, los prejuicios y estereotipos juegan un papel discriminatorio que dificulta la cohesión. Sara M.,compañera de trabajo de Chaima, explica que entre sus conocidos no ha tenido problemas:

La integración en la adolescencia

Desde esta perspectiva, el grupo de investigación de Comunicación, Migración y Ciudadanía (CMC) del  inCom UAB ha analizado la convivencia desde los institutos y escuelas para ver si existe una cambio generacional en esta relación. “Los adolescentes, y especialmente las chicas, son los que adaptan en mayor grado y viven más cambios”, explica Amparo Huertas, directora de CMC de InCOM UAB. La integración en el aula varía en función de la nacionalidad, y muchas veces se percibe como una obligación: la relación se limita a las actividades que plantean los profesores.

El conflicto se evita conviviendo en un “tú aquí y yo allí: trabajamos juntos en el aula, pero luego cada uno en su casa.” Para Huertas esto es cosa de dos y hay que tener en cuenta que la integración de los inmigrantes es un proceso recíproco, “si ellos tienen iniciativa y nosotros no, su iniciativa no sirve de nada; es algo que tiene que darse por las dos partes. Tiene que haber contacto.”

Cuando existe un problema, el extranjero tiene dos opciones que pueden ser igualmente perjudiciales: reafirmarse aún más en su identidad (la llamada etnicidad reactiva), o renunciar a su cultura y país para decir “yo soy como tú.” “Ambas reacciones son negativas”, afirma Amparo Huertas, “Son dos situaciones que a la larga crean conflicto. Hay que encontrar una forma de ayudar una persona a vivir aquí sin que renuncie a sus raíces.”

Para ello, las escuelas han descubierto que el trabajo no puede hacerse sólo en el aula: los primeros a los que han de convencer son los padres, siendo la familia tan importante como es en la vida de un musulmán. Hace falta hablar con los padres y mucho tiempo, “porque es su cultura y su identidad personal. La gente no emigra porque quiere, sino porque lo necesita, y a veces incluso emigra porque la familia le ha elegido para mantener la familia desde aquí.”

Pero a menudo en estos casos, y en la integración de todo el colectivo, existe un problema añadido si la persona en cuestión es una chica o una mujer. “Si eres una mujer musulmana estás vigilada por tu entorno masculino, y con este sistema de vigilancia es muy difícil que puedas abrirte.”, advierte Amparo Huertas. “La mayoría de veces, el encerrarse en sí mismo no es una decisión voluntaria. Nos hemos encontrado con que la joven lo hace sin aceptarlo, porque en su casa funciona así con su madre y su padre. Por ejemplo, cargan con las mochilas de sus hermanos hasta el colegio.”

Pero también cada vez hay más chicas adolescentes que marcan la diferencia: aunque exista un grado de analfabetismo muy alto (no sólo de español y catalán, sino también de árabe y francés), las chicas nacidas aquí o que son jóvenes pero viven aquí desde hace años, leen prensa de aquí, mucha más que los chicos o las mujeres adultas, y sobre todo prensa gratuita. Huertas indica que “las mujeres en general, la población femenina inmigrada, lee mucha prensa gratuita, intuimos que por el mayor uso de los transportes públicos que hacen” según el CMC. “Es un síntoma de que, poco a poco, habrá más cambios. No sólo hay precariedad, también existen mujeres que han emigrado solas para buscarse la vida o para formarse.”

Ahora el cambio se nota con las mujeres que han llegado a la universidad, a veces con sus padres apoyándoles, familias abiertas y que han podido pagar los estudios. Estas mujeres son un perfil muy particular, y son muy seguras, como indica Huertas, y aunque “sí que pueden aparecer conflictos, muchas veces ya han asumido que no quieren actuar de una forma más tradicional”. Así, si existiese presión desde el colectivo o la familia, ella ya ha superado muchos obstáculos y ha reaccionado a ellos.

El Islam en la ley española

Nisrin Dairek, hermana de Chaima, no sigue todos los principios islámicos a raja-tabla. Es una de las chicas que afirman haber renunciado a su cultura en alguna ocasión para poder integrarse. A pesar de ello afirma que vuelve a sentir la fe aunque, a diferencia de su hermana mayor, no se siente preparada para llevar el Hiyab: “tengo dieciocho años y siento la fe como cualquier otra musulmana de cuarenta, pero pienso que Hiyab es algo a lo que tienes que estar preparada”. Nisrin acude algunas semanas a las reuniones para mujeres musulmanas que se celebran en el Centre Islámic de Catalunya, donde en compañía de otras chicas aprende cultura árabe.

Según explica el presidente del Consell Islàmic de Catalunya, Lachcen Saaou, este centro, junto a la Comisión Islámica de España, trata de familiarizar a las musulmanas con el Islam y de formar un colectivo con voz propia.

Fotografía cedida por Nisrin.

Nisrin con un traje tradicional Fuente: cedida por Nisrin

Tanto Chaima como su hermana y Sara son conscientes de la existencia de una normativa en la Constitución Española, concretamente la Ley 26/1992 del 10 de noviembre, por la cual se aprueba el Acuerdo de Cooperación del Estado Español con la Comisión Islámica del país. Chaima no confía demasiado en ella: “la ley islámica parece muy bonita, pero poco de ello se cumple a la práctica. Aunque se garantice la interrupción del trabajo para rezar, muchas veces esto termina en que no se renueve el contrato.”

En esta declaración Chaima hace referencia al artículo 12.1 de dicha ley “Los miembros de las Comunidades Islámicas pertenecientes a la «Comisión Islámica de España» que lo deseen, podrán solicitar la interrupción de su trabajo los viernes de cada semana (….).”

Dentro de esta ley, se dictan desde los derechos de los musulmanes para contraer matrimonio, o servir al ejercito español, hasta los requisitos para inscribir una entidad con fines religiosos, tal y como se puede observar en el artículo 1.3 “La certificación de fines religiosos que exige el Real Decreto 142/1981, de 9 de enero, para la inscripción de las entidades asociativas religiosas que se constituyan como tales, de acuerdo al ordenamiento de las Comunidades Islámicas, podrá ser expedida por la Federación a que pertenezcan, con la conformidad de la «Comisión Islámica de España”(…).

Dicho apartado ha causado el malestar de “más de un musulmán”, en palabras del presidente del Consell Islàmic de Catalunya. En él no se especifica el tiempo que se tardará en conseguir la confirmación de la Comisión Islámica de España para abrir legalmente un centro de oración, pero según nos dice Lacheb Saaou el tiempo es de cinco años. “En ocasiones ni siquiera llega dicha confirmación, y dicen que con el gobierno de derechas tardará alrededor de diez años”, añade el presidente del Consell.

El Islam en los medios

La visión general que la población percibe del islam proviene de los musulmanes que han emigrado a Cataluña, las costumbres de los cuales, como se ha comentando, les provocan cierta reticencia. Desde los medios se ha intentado eliminar esta visión estereotipada de los inmigrantes, pero todavía no se ha podido solucionar.

Para Amparo Huertas, conseguir unos medios que actúen perfectamente como elementos integradores y prevenir el conflicto por el desconocimiento, es algo complicado. “Dentro de lo que cabe, TV3 es un buen ejemplo de cómo hacer bien las cosas. El problema es que se da una visión integradora de la inmigración en programas al margen de telenoticias, aún necesitamos una programación especial. No hemos avanzado lo suficiente.”

Programas como Karakia o 30 minuts son muy informativos y muy alabados, pero también muy criticados por la gente extranjera, porque pueden no sentirse identificados con los estereotipos que se muestran, o que no se sienten contentos con la visión de su país desde el entorno gastronómico o turístico y que opinan que se sobredimensiona una cosa que para ellos es cotidiana. “La visión mediática es demasiado superficial”, sentencia Huertas.

Desde el “Col·legi de Periodistes” se elaboran guías para el tratamiento de la inmigración en los medios de comunicación; también se llevan a cabo proyectos como la Mesa de la Diversidad del Consell de l’Audiovisual de Cataluña del Consell de l’Audiovisual de Cataluña, que ha propuesto unas directrices para evitar tratar este tema desde una perspectiva muy occidental.
En esto, los medios no son los únicos, y también se pueden encontrar muchas y diversas iniciativas como la de XARXA BCN antiRUMORS.

Españolas y musulmanas

Debido a los prejuicios existentes, se asocia fácilmente musulmán con extranjero, olvidando que no todos los creyentes del Islam han nacido fuera de España. Se calcula que en los últimos 5 años, 3.000 catalanes y catalanas se han convertido. Algunas de estas mujeres convertidas al Islam de origen español, se reúnen semanalmente en centros de culto, compartiendo entre ellas tanto su fe como sus preocupaciones.

Leticia, una de ellas, proviene de una familia cristiana practicante. Durante su juventud estaba muy integrada en su parroquia, pero hace 15 años que se casó con un musulmán y poco a poco fue sumergiéndose en el islam en un proceso que culminó hace 8 años, cuando se convirtió. Aunque hace algunos que se divorció, sigue practicando fervientemente la religión.

Lo más difícil de aceptar para ella fue el velo. “Como toda mujer occidental”, recuerda, “creía que el pañuelo eran símbolo de sumisión de la mujer al hombre y solamente esta idea me repugnaba”. Pensaba que “cómo era posible que una mujer española llevara hiyab”. No lo soportaba, y por eso entiende la reticencia de la sociedad occidental al islam, porque ella también lo tuvo.
Pero poco a poco sintió la necesidad de ponérselo. Quería que, el resto de musulmanas la identificaran como a una igual y que, como es costumbre entre ellas, la saludaran por la calle.

Y las ganas de sentirse una más pudieron con los prejuicios. Ahora, como la mayoría de mujeres musulmanas, identifica el velo como una prenda que no somete a la mujer al hombre, sino al contrario, que la protege del machismo cubriendo uno de las armas de seducción de la mujer, el cabello, que sólo enseñará a quien ella quiera.

Judith, compañera de Leticia, tiene 23 años, y durante el bachillerato empezó a interesar por el islam cuando iba al colegio con chicas musulmanas. Convertirse le ha costado la buena relación con sus padres, que según ella se cierran en banda cada vez que sale el tema haciendo comentarios como “vas a que te coman el coco”.

Ella sólo luce el velo cuando está en el centro de culto y reconoce haber llorado por no poder llevarlo por la calle. Sus padres, al igual que los de Sandra, que se ha convertido hace unas semanas y tampoco lleva el velo, no le cocinan halal. Sandra entiende, en parte, la posición que adoptan los padres, que se encuentran en una encrucijada: “Te quieren porque eres su hija, pero no lo entienden”.

De todas formas, por muy mala que sea la relación entre padres e hijos, el Corán obliga a no romper los lazos con la familia y a mantener la relación desde el respeto mútuo. Es un requisito para entrar al paraíso, por lo que por muy mala que fuera la convivencia, todo musulmán o musulmana debería hacer los posibles para no romper el contacto con los familiares.

Los rechazos con los que se han encontrado Sandra y Judith son normales. Y más a su edad, como señala Shantal, que lo sabe bien. Ella procede de una familia atea que insistió en no educarla en ninguna religión y la que, 15 años después, casada y con tres hijos, a veces sigue, en el día a día, “metiendo baza”, como ella dice. Sin embargo, cuando hablan sobre la decisión que tomó Shantal, admira su coherencia: “después de verme, con lo orgullosa que es me ha dicho que me admira porque vivo creyendo en algo y practicandolo”, afirma contenta.

María, también mayor que Judith y Sandra, coincide con Shantal y añade que “lo que influye mucho es cuando tus padres ven que realmente sabes lo que haces y te ganas bien la vida”. El obtener una estabilidad, según ella, les demuestra “que puedes tener razón y te respetan”. Ella lleva una buena relación con su madre, cristiana practicante, con quien dice que se cuestionan ciertas cosas sobre la religión: “mi madre me pregunta cosas, yo le pregunto otras”. En este proceso es muy importante “la serenidad, la tranquilidad a la hora de hablar”, con las que consiguen un clima de respeto y se abren la una a la otra.

Pero todas saben que la aceptación de la conversión no es fácil. Es un camino largo y arduo. Por eso se apoyan, acompañan y aconsejan. Forman parte de la Asociació de Dones Musulmanes de Catalunya, ADMAC (Asociación de Mujeres Musulmanas de Cataluña). que fundaron precisamente con ese objetivo: ayudar y orientar, especialmente a mujeres, que quieran convertirse al islam.
Letícia, presidenta de la asociación, afirma que los principales problemas con los que se encuentran las mujeres europeas que se interesan por el islam es la desinformación: “vas a los centros de culto y todo son hombres, y cuando hablas con el iman y ve una mujer europea vestida de musulmana, siempre termina diciendo que no hay nada para ti y terminas preguntando hasta por carnicerías”.

Para cubrir estos vacíos, las mujeres que forman parte de la asociación están abiertas a cualquiera y organizan conferencias sobre religión, antropología y temas diversos que interesan a las integrantes del grupo.

Mediante estas actividades enriquecen su ocio, pero también pretenden que el resto de la sociedad se acerque a ellas y eliminen prejuicios, Porque, como dice Shantal, “antes había miedo a lo desconocido y al machismo, pero ahora se le ha añadido el terrorismo, miedos que están, sobretodo el último, totalmente fuera de lugar”.

Centros de oratoria

Aunque se encuentren con estas dificultades, tanto españolas como inmigrantes, para poco a poco van abriendo camino, para practicar su religión con normalidad. Según afirma el presidente del Centre Islàmic existen más de 200 centros de oratoria tan solo en Cataluña. En ellos rezan o bien juntos, si hay suficiente espacio, o bien por separado si el centro es reducido.  Actualmente se está construyendo la primera mezquita en Cataluña, exactamente en Cornellà de Llobregat, donde ambos sexos podrán llevar a cabo sus oraciones.

Centro de oratoria Fuente: propia

Para más información sobre:

El papel de la mujer en el Islam

Asociació de Dones Musulmanes de Catalunya, ADMAC

Quadern del CAC – Monogràfic sobre Immigració i televisió, sobre el tratamiento de la inmigración en televisión.

La creación de una mezquita en Barcelona

Testimonios de mujeres musulmanas en Cataluña

Encuentros y conferencias sobre mujeres musulmanas

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