Un domingo por la Badalona musulmán

¿Cómo es el cambio cultural de la inmigración en el día a día de la calle? En las calles de Badalona confluyen distintas culturas, que han encontrado en Catalunya un lugar de acogida

A las diez de la mañana de domingo, la calle Chile, una de las calles más conocidas del barrio de Badalona debido a su destacada inmigración musulmana, la llenan los transeúntes de vida. Ésta empieza en el barrio de Sant Adrià, pasando por Badalona y termina en San Roque.

Hace apenas unos diez años, ésta estaba llena de comercios dirigidos por ciudadanos de toda España. Era característico ver una gran cantidad de compradores de etnia gitana provenientes de San Roque y la Mina. “Siempre podías ver al chico gitano de la tienda de pollos a l’ast tocando una guitarra española mientras anunciaba las ofertas”, dice Asunción, una vecina de esta calle que lleva más de veinte años viviendo ahí.  Era típico para los vecinos de Badalona pasar por el bar de la plaza y la tienda de chucherías de la señora Belén. Pero todo eso ha parecido desaparecer.

Me sumerjo al principio de la calle entrando desde el barrio de Sant Adrià. Aún en domingo está casi todo abierto. Encuentro la tienda de chucherías de la señora del pelo corto, la cual se ha convertido en una panadería con dependientes de origen marroquí. Más abajo encuentro con varios locutorios que parecen estar colocados estratégicamente para hacerse la competencia: uno al lado de una tienda de golosinas, otro enfrente a pocos metros. Entre estos veo que la antigua churrería que era famosa por sus pastas hace al menos una década se había convertido en una peluquería regentada por un paquistaní. Decido entrar. El dependiente se llama Agmal, viene de la capital de Pakistán y lleva cuatro años en España. Y la verdad es que su español es muy bueno. Al parecer vino en busca de una nueva oportunidad en tierras catalanas después de haberlo intentado en Francia, sin éxito. Me ofrece muy amablemente un corte de pelo, pero la calle aún no termina.

Un poco más adelante, me paro al ver como unos señores se desvían por una de las callejuelas cercanas a la calle Chile. Decido seguirlos y de camino observo algunas tiendas de alimentación de musulmanes y el bar de la plaza ahora es una agencia de viajes. El grupo de paquistaníes se desvían en la calle de Santiago, donde había un pequeño centro de oración –a falta de una mezquita-. Espero viendo desde afuera cómo se descalzan y entran en fila india. Finalmente, cuando me he dado cuenta de que he llamado la atención de uno de ellos, que se me queda mirando fijamente, aprovecho para preguntarle qué iban a hacer exactamente allí.  Parece tener un poco de prisa, o no quizá no me ha entendido bien –o considera que no es de mi incumbencia-, ya que decide continuar su camino sin contestar. Otro cuestionado es más elocuente: me contesta que van a rezar y que, si estoy interesado, puedo pedir al imán, previa cita, entrar dentro. Se lo agradezco y marcho de nuevo a la calle Chile, donde encuentro la tienda de pollos a l’ast todavía abierta y con los dueños de hace diez años, lo que ya casi parece imposible.

Le pregunto a la dependienta sobre la transformación de esta calle y me dice que lleva menos de un año trabajando, y que si quiero puedo esperar media hora a los dueños, Juan y Paqui, que llevan toda la vida aquí. Que deben de estar al caer, que tenían que firmar los papeles de un pedido. Cuando llegan me cuentan que la culpa de que todos los anteriores locales cerraran la tiene la crisis. La maldita crisis. Vuelvo a la calle a dar otra ojeada; me pregunto si los musulmanes son mejores ahorradores que los paisanos de Juan y Paqui, o si es que están dispuestos a darle más esfuerzo al negocio, o si, como muchos inmigrantes españoles que llegaron hace años a Cataluña, el periplo ha unido el colectivo y existe una solidaridad y cooperación a prueba de todo. Sea como fuere, parece que la situación ha causado malestar en el vecindario y la ciudad, que en las pasadas elecciones llevó al Ayuntamiento al candidato de PP, con un marcado discurso contra la immigración.

Ya son casi la una y media y llego a San Roque. De la plaza Camarón no queda mucho, una especie de torre Trajana esa llena de grafittis y ya no quedan bancos. Todavía veo algunos habitantes de etnia gitana pero realmente abundan los ciudadanos que relaciono como árabes. Ya casi es la hora de comer y poco a poco, la calle ha quedado casi vacía, así que decido dar la vuelta y regalarme unos minutos más antes de irme definitivamente.

Para más información:

Estudio externo sobre la inmigración en Badalona en xtec.cat

Artículo de un bloggero de Badalona desde su experiencia con la immigración

Gerard Caballé | Barcelona

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